*Los bosques húmedos de este municipio tlaxcalteca son testigos, cada verano, de un espectáculo natural que deslumbra: la danza de apareamiento de miles de luciérnagas, cuyo brillo atrae a miles de visitantes entre los meses de junio y julio.
Nayeli Vélez
Nanacamilpan, Tlax.- Adentrarse en el bosque de coníferas es vivir la antesala de un fenómeno natural poco común pero cada vez más buscado por el turismo de naturaleza: el ritual de apareamiento de las luciérnagas (Photinus palaciosi), esos pequeños insectos luminiscentes que han inspirado cuentos de hadas y leyendas, moviéndose siempre entre lo poético y lo fantástico, por la magia que despiertan en el imaginario colectivo.
El Santuario de las Luciérnagas se localiza dentro de la zona ecológica de Nanacamilpa, en lo más alto del estado de Tlaxcala, en la región conocida como el Espolón de la Sierra Nevada. Se trata de un bosque mixto de pino, encino y oyamel que ha cobrado fama internacional entre los amantes del ecoturismo y la naturaleza.
La aventura comienza al llegar a Nanacamilpa, que recibe a los visitantes con extensos campos de maguey que tiñen de verde el horizonte. Desde ahí, se emprende el recorrido por estrechos y sinuosos caminos de terracería que conducen a las entrañas del bosque, donde el aire huele a campo, a tierra mojada y a frescura.
Antes de presenciar la danza luminosa —que inicia alrededor de las 8:00 de la noche y dura casi una hora— es un ritual casi obligatorio disfrutar de un buen pulque, elaborado en la zona, o degustar la cocina tradicional local. Los ingredientes son tan frescos como el entorno: hongos silvestres, flor de papa, corazón de maguey, habas, frijoles y maíz son solo algunos de los sabores que conquistan a los visitantes.
Cuando cae la noche, sin un solo destello de luz artificial que interrumpa el hechizo del bosque, el guía —usualmente un lugareño que conoce cada vereda como la palma de su mano— conduce al grupo hacia lo más profundo de la reserva. Allí, en total oscuridad y entre el crujido de las hojas, comienzan a emerger, una a una, las primeras luces titilantes. Los diminutos escarabajos luminosos inician su danza, y el bosque se llena de destellos intermitentes que parecen flotar en la penumbra.
A pesar del frío, la llovizna persistente o la dificultad del terreno, el espectáculo mantiene a todos en silencio, cautivados por esa atmósfera de calma y asombro que solo la naturaleza y los bosques de Tlaxcala saben ofrecer.
En los últimos años, este fenómeno ha cobrado gran relevancia y miles de personas desean vivirlo. Sin embargo, los habitantes de Nanacamilpa se han mantenido firmes en proteger sus bosques a través de un modelo de turismo ecológico y sustentable, con reglas claras para evitar alterar el hábitat y los procesos reproductivos de las luciérnagas.
La danza de las luciérnagas en Tlaxcala atrae sin duda a quienes buscan un escape mágico de la rutina y el bullicio de las ciudades; y también, despierta la nostalgia de aquellos que, en su infancia, alguna vez se maravillaron al encontrar una pequeña luz titilando en la oscuridad.










